Por si no se habían enterado, Navidad fue hace cuatro días y el 2008 se acerca con pasos de gigante gordo, fuegos artificiosos, pavos rellenos, supersticiones pelotudas, abrazos traspirosos y comas alcohólicos al por mayor.
La verdad es que a mi me gustan las fiestas y lo que me divierte tiene pequeños tintes de perversidad.
Estamos obligados a compartir con seres extraños que aparecen una vez al año. Una fauna de tíos, primos y cuanta parentela se te ocurra empieza a aparecer de la nada.
Y el show empieza. Todos con carita de poker alrededor del pesebre y la sagrada familia, hablando de que "este año ha sido el mejor de nuestras vidas", "las acciones siguen subiendo", "mi matrimonio está como en los primeros meses de pololeo", "la Claudita se casa pronto con este cabro que es ingeniero y tan buen partido" , "el Nico vuelve en marzo de su viaje por Europa".
El rollo es que somos humanos y nadie puede alejarse del ambiente de balance propio de la época, de los deseos intensos de que el año que viene sea distinto y venga para nosotros una especie de liberación y empecemos a vivir nuestra vida tal y como siempre la soñamos. Y si a esto le sumamos su dosis de alcohol debida (y alta!!) el desenlace de las fiestas de fin de año puede ir un poco más alla de la entrega de regalos y la dulce entonación de villancicos.
Nuestra noche de paz o nuestro feliz año nuevo puede convertirse en un reguero de pólvora en el momento en que el primer comensal se levanta con cuchara en mano, agarra solemnemente su copa y empieza ...tin tin tin contra el cristal. Los rostros se paralizan y algo electrizante recorre la sala. Lo único que permanece en movimiento son las luces del arbolito.
La oportunidad para terminar con el secreto familiar es ahora o nunca y con voz de juicio final empezamos.
" Nuestro hijo mayor es adoptado", "nunca te amé", "me queda un mes de vida", "tengo una familia paralela", "no está de viaje, está preso", "ella no es mi mejor amiga, es mi novia".
Salud y feliz año nuevo a todos los chuchasdesumadre!!!.